martes, octubre 20, 2015

La Tierra del Olvido de la Cumbia

"Estamos trabajando en un libro para que la cumbia sea elevada a patrimonio y que sirva como material para lograr ese reconocimiento. Hasta ahora seguimos en él, esperemos que pronto se dé. Hoy tanto el vallenato como la cumbia pertenecen al mundo entero. La cumbia ha recorrido la cordillera desde Colombia hasta Argentina pasando por Ecuador, Perú y Bolivia uno puede encontrar cumbia al pie de las montañas y por ello es un patrimonio intangible de todos." Esto afirmaba Carlos Vives en una entrevista del 2014.


Hace poco encontré ese libro que proporciona una visión profunda y documentada del proceso musical y creativo de la obra de Carlos Vives y la Provincia: Travesías por la tierra del olvido: modernidad y colombianidad en la música de Carlos Vives y La Provincia,


Más que una crítica del libro me interesa resaltar algunos puntos que esta investigación aporta en la incipiente investigación musicológica, alrededor del tema de la cumbia contemporánea en Colombia.

Para empezar, hay que situar el contexto en el que surge el fenómeno de Carlos Vives y la banda La Provincia.

Carlos Vives nace en 1961, en Santa Marta una ciudad en el litoral Caribe colombiano y a los 12 años se traslada a Bogotá donde estudia publicidad.

En los años 80, Carlos Vives ostentaba una figura atractiva de tipo androgino y con su mirada juvenil y su sonrisa resplandeciente pronto logró encontrar un lugar como actor en la televisión colombiana donde obtiene gran notoriedad trabajando en telenovelas y programas juveniles, Como su verdadera vocación era la música, aprovecha esta popularidad para iniciar su carrera como cantante, grabando 3 discos con material de baladas pop y rock en español que no tuvieron gran éxito comercial.

Hacia mediados de los años 80, emergió con gran fuerza en Latinomerica, un movimiento de rock en español, que era liderado desde el sur del continente, por varios grupos y solistas que obtuvieron una gran acogida comercial. En Colombia también surgieron varias bandas que fueron reconocidas más a nivel nacional que internacional y es en ese ambiente donde Vives hace sus primeros trabajos. Estos grupos colombianos buscaron un sonido más cercano a agrupaciones como Soda Stereo o solistas como Charly Garcia, que eran las figuras que inundaban los espacios de la radio comercial, aunque ya había algunas bandas que iniciaban una exploración del rock matizados con sonidos tradicionales colombianos.

El encuentro de Carlos Vives con el estilo musical que lo lanzaría a la fama, fue más fruto del azar que una búsqueda consciente del artista. Se conjugaron varios factores que pondrían a la olvidada música del Caribe colombiano en el primer plano de la atención nacional y mundial.


En los años 80 en la televisión colombiana había surgido un género de telenovelas que ponía en escena a los personajes de las canciones de un estilo musical en un melodrama con toques de comedia y cuyo inicio puede situarse en la telenovela de 1984, "Pero Sigo Siendo el Rey", inspirada en los personajes de las Rancheras mexicanas y basado en el libro homónimo del escritor David Sanchez Juliao, nacido en Lorica, una población del Caribe colombiano.

Esta formula obtuvo un gran éxito de audiencia, así que siete años más tarde, en 1991 se emitió en la televisión colombiana la telenovela, "Escalona un Canto a la Vida", basada en las canciones de Rafael Escalona, el compositor más prolífico del Vallenato y se eligió al Carlos Vives como protagonista, que tenía a su favor su origen caribeño y su experiencia como actor y cantante.






Durante varios capítulos se desarrolló una trama ficticia, con toques de comedia musical, basada en los acontecimientos que Escalona describe en sus canciones y donde Vives pudo demostrar sus dotes como interprete del Vallenato. La telenovela se convirtió en un rotundo éxito y la banda sonora, cuyos arreglos musicales fueron ejecutados por la directora musical de la serie Josefina Severino, nacida en Ciénaga, una de las poblaciones más musicales del Caribe colombiano, fue prensada por Sony Music, obteniendo millonarias ventas.


No se necesita mucha perspicacia para darse cuenta que Carlos Vives se había topado con la piedra de toque del éxito musical que había estado buscando infructuosamente en sus anteriores trabajos y que ahora la vida le había presentado de un modo casi casual. Se trataba de cambiar la visión, de buscar adentro y no afuera, (una lección que deberían aprender muchos músicos colombianos). Como en la novela el Alquimista de Pablo Cohelo, el verdadero tesoro estaba ante su nariz y el no se había percatado y ahora se le presentaba como una revelación.


Los colombianos del interior habíamos crecido escuchando estas músicas tropicales que se emitían en emisoras de radio de música popular y que eran reproducidas en los buses y, en versiones estilizadas, como música de fondo en supermercados y consultorios médicos. 


Era además la música que se escuchaba y bailaba en fiestas y reuniones familiares y celebraciones de fin de año, ligada a momentos que nos recordaban los "tiempos felices".


Esas melodías también nos remitían al paisaje mítico de las vacaciones en el litoral, era un sonido cálido con ecos de brisa y visiones de mar de un azul transparente y  de esbeltas palmeras meciéndose al vaivén del viento en extensas playas de arena clara. Unas melodías asociadas a la alegría, provenientes del espacio abierto del caribe, en oposición al paisaje montañoso de las ciudades andinas, encerradas por tres cordilleras de  cumbres nubladas. 


Vives, se hallaba en una posición inmejorable, su popularidad estaba en la cima y ahora que veía el camino con claridad era el momento de mostrar sus dotes como negociante. Conocía muy bien los géneros musicales mestizos del Caribe que había escuchado toda su vida en su Santa Marta natal y sabía que, como Escalona, existían muchos compositores, interpretes y músicos que habían contribuido a forjar un género nativo de las sabanas, valles y costas del caribe colombiano que ahora se conocía como Vallenato. Así que pensó que podía hacer un disco con nuevas versiones de todo ese material. 




Carlos Vives recopiló algunos vallenato antiguos de diversos autores y le presentó el proyecto a Sony Music. con el objetivo de grabar un disco, esta vez bajo su dirección musical y acompañado por músicos de la escena bogotana del rock y por Egidio Cuadrado, el acordeonista que lo había secundado en las grabaciones de la telenovela, Escalona, Un Canto a la Vida. Sony consideró que el proyecto era muy arriesgado, teniendo en cuenta el magro resultado comercial de los tres primeros discos de Vives y, a pesar del éxito del disco de la banda sonora de Escalona, no avaló su proyecto.


Pero Vives tenía un plan B. Sonolux es una empresa disquera fundada en Medellín en 1949, que formó parte de la internacionalización de la Cumbia y el Porro en los años 50s y 60s del siglo XX. Su catalogo ostenta títulos de grandes figuras de la música tropical colombiana como Bovea y sus Vallenatos, Lucho Bermúdez, Pacho Galán y Edmundo Arias. En 1974 Sonolux fue adquirida por el grupo económico de Ardila Lule y en el 92 traslada su planta a Bogotá. El grupo Ardila Lule era además el propietario de RCN. con una programadora de televisión y una cadena de emisoras de radio en varias ciudades principales y poblaciones del país. Fue allí donde Vives llevó su proyecto, hay que anotar que RCN era la competencia directa de Caracol, la programadora que había producido la novela de Escalona. Este episodio es descrito con lujo de detalles en el libro citado en el primer párrafo.


El resultado fue que Carlos Vives obtuvo una millonaria financiación de su disco a cambio de un contrato de exclusividad como actor de las telenovelas producidas por RCN. El cantante reunió un formato musical novedoso, cuya base fue el conjunto típico vallenato encabezado por el acordeonista Egidio Cuadrado, que lo habían acompañado en las grabaciones del disco de Escalona, a estos les sumó varios músicos del grupo Distrito Especial,  con los que ya había trabajado antes, que provenían de la escena bogotana del rock y que estaban experimentando con sonidos tradicionales colombianos; con estos integrantes ensambló una banda a la que bautizaron La Provincia.


Una vez armado el grupo se inició el trabajo de un álbum de estudio que se llamó: Clásicos de la Provincia, que incluía quince piezas del repertorio tradicional vallenato. Contaba con un presupuesto diez veces más grande de lo que se invertía normalmente para hacer un disco en esa época en Colombia. Las grabaciones y la producción se hicieron en estudios de Estados Unidos con la más avanzada tecnología y conceptos sonoros de la época que se utilizaban en el rock y pop anglos. 


Clásicos de la Provincia se lanzó al mercado en 1993, con el respaldo de RCN televisión y su red de emisoras de radio por todo el país, las canciones del disco empezaron a sonar por todas partes y pronto lograron superar ampliamente las ventas de "Escalona, Un Canto a la Vida", proyectando a Carlos Vives y la Provincia al primer lugar de la escena musical nacional, lo que siguió fue una extensa temporada de conciertos multitudinarios por todo el país.





Este inusitado volumen de ventas para el mercado nacional, llamó la atención de las grandes disqueras internacionales y pronto se firmó un contrato de distribución con PolyGram para el mercado hispanoamericano, lo que siguió fue la conquista de los escenarios internacionales en numerosas giras por América y Europa.


La canción emblema del disco fue la Gota Fría, un paseo vallenato de 1938, del compositor Emiliano Zuleta, donde se narra un duelo de acordeones con otro juglar, Lorenzo Morales. Según Zuleta, Morales nunca se presenta al duelo, así que compone la canción para que toda la región recuerde la vergüenza de su rival. La canción estaba plagada de modismos regionales y los versos parecen inconexos, a veces se refiere al rival como Lorenzo, como Moralitos o como Morales y, si no se conoce el contexto es difícil seguir el desarrollo de la historia que se cuenta en esta tonada. La Gota Fría fue una de las primeras grabaciones que hizo Discos Fuentes en los años 40, interpretada por el Guillermo Buitrago con el nombre de "Que Criterio".

Carlos Vives y la Provincia habían logrado rejuvenecer y modernizar un repertorio muy antiguo que había sido olvidado inclusive por él y que el destino le había manifestado de un modo casual. Los medios de comunicación no se cansaban de elogiar el trabajo de Vives y la Provincia, algunos afirmaron que el Vallenato se había vestido de etiqueta para justificar el hecho de que esta música hubiera logrado esta gran acogida mundial. Pero la música de Carlos Vives no era Vallenato en el sentido estricto; el disco abría con una introducción de gaitas indígenas, precisamente en el tema La Gota Fría, un instrumento que nunca había sido incluido en el formato del Vallenato tradicional. El mismo Vives nunca se refirió a su trabajo como Vallenato, le decía música de la provincia.

La inclusión de las gaitas de cardón fue idea del productor, el bogotano Eduardo De Narvaez e interpretadas por el saxofonista Antonio Arnedo. El sonido de las gaitas procesadas eletrónicamente le dieron un sabor dulce y misterioso a la música de Carlos Vives y la Provincia y fueron incluidas sistemáticamente en las posteriores grabaciones y presentaciones de la banda.

La hazaña musical de Vives y la Provincia fue tender un puente entre la añeja música tradicional de la región caribe y las nuevas generaciones de colombianos.


Dos años después Vives lanzaba su propio sello discografico Gaira Musica, arropado por Sonolux y en 1995 la banda presentaba su segundo álbum: La Tierra del Olvido, donde además de algunos covers de vallenatos se incluyeron temas propios elaborados colectivamente. En este trabajo colaboraron músicos de la escena del rock bogotano como Ivan Benavides y Ernesto "Teto" Ocampo que participaron en la composición de varias de las canciones. La Tierra del Olvido fue producido por el británico Richard Blair que provenía de la escuela de la World Music fundada por Peter Gabriel y quien hacia poco se había radicado en Colombia.

Este trabajo también se convirtió en un éxito de crítica y de ventas y refrendó la calidad del trabajo anterior. Resumiendo, digamos que hoy, veinte años después, este álbum se ha convertido en un clásico de la música colombiana.






En vista del rotundo éxito comercial de la propuesta de Vives y La Provincia, otras casas disqueras lanzaron varios grupos que trataban de imitar ese sonido, reciclando antiguas composiciones del vallenato y de otros géneros tropicales colombianos, con arreglos e instrumentación contemporáneos. Dentro de esa tendencia podemos citar a Moises Angulo y los del Camino que incluyó sonoridades del Porro, Tulio Zuluaga, Ivan y sus Bam Band , Café Moreno, entre muchos otros. La calidad musical y sonora de estos grupos es bastante irregular, pero logró que muchos jóvenes se interesaran en el sonido de la antigua música del caribe colombiano.


En los siguientes trabajos de Vives y la Provincia se diluye gradualmente el sonido caribeño colombiano y empieza a preponderar el estilo rock, pop y balada, en parte porque no se logró mantener la plantilla de músicos que habían participado en los anteriores trabajos y en parte porque el control de producción fue asumido por extranjeros que jamás habían escuchado el sonido de las gaitas o de los tambores ancestrales. Aunque en cada disco se siguieron manteniendo temas inspirados en los sonidos tradicionales, algo a lo que Vives no ha renunciado nunca.

En la Tierra del Olvido hay un tema que se llama Ella, con letras de Ivan Benavides que tiene una bella introducción en guitarra acústica por el Teto Ocampo y que se ha identificado con la célula primaria de la Cumbia trasladada a las cuerdas. Ese patrón se seguiría manteniendo en varias de los temas que fueron grabados posteriormente por la banda y se convertiría en la célula básica de lo que años después del lanzamiento del disco se conocería como Tropipop, un genero derivado del trabajo de Carlos Vives y la Provincia y que tendría cierta resonancia en los inicios de este siglo.

Ya habíamos dicho que el gran aporte de Vives fue revivir en las nuevas generaciones el aprecio por músicas que en la mitad del siglo pasado habían sido consideradas como emblemáticas de la nacionalidad colombiana, pero que con el transcurrir de los años habían sido relegadas al cajón de la pasado de moda o etiquetadas como folclor. Vives logró a finales del siglo XX, lo que ya habían hecho antes músicos como Lucho Bermúdez y Pacho Galán (para citar dos de los más relevantes) en su época. Es decir retomar antiguos ritmos nacidos en el caribe colombiano, modernizarlos instrumental y técnicamente para llegar al gusto de grandes audiencias.

Estos ciclos de modernización han sido constantes en músicas como la cumbia, el porro, el vallenato y demás parientes y lo vemos ahora en grupos como Choc Quib Town o Bomba Estéreo que están siguiendo caminos similares.

Creo que hay varias lecciones que se pueden aprender en este proceso de Carlos Vives y la Provincia, reitero que el cambio de visión que sufrió el artista cuando se dio cuenta que debía buscar en la tradición musical colombiana más que importar modelos de afuera, fue fundamental para el éxito de su proyecto musical y le permitió una diferenciación positiva en el amplio mercado internacional.

Que además de la calidad de la música es importante la imagen. Vives como publicista logró crear un universo imaginario basado en una idealización del paisaje caribeño colombiano. Es evidente el trabajo de imagen en toda su obra, en las caratulas de sus discos y en la gran inversión en videos y material audiovisual que siempre acompaña los lanzamientos. Además de las palabras presentes en los títulos: "Provincia", "Tierra", "Pueblo", que nos remiten a un paisaje, a un territorio. Con estos elementos logra captar la esencia de estas músicas siempre ligadas a la tierra. Cumbia, Porro y Vallenato son géneros originalmente inspirados en la tierra, en el paisaje. Desde una visión objetiva es el hombre el que crea la música, pero desde una visión más amplia es la misma tierra la que crea la música y el hombre solo es una parte de ese gran proceso de evolución.

La modernización de estas músicas que logra Carlos Vives no es solo un asunto tecnológico, de trabajar con equipos y procesos técnicos de última generación, es también un asunto simbólico. Vives tuvo a su favor una figura y un carisma que expresaban juventud y belleza, dos aspectos muy valorados en el proyecto de la modernidad. Esta puesta en escena de aspectos simbólicos de "lo moderno", esta continua transformación, se refleja en cada uno de sus trabajos donde Vives se presenta siempre con un "look" diferente, cambiante.






















Algo que también ha sido una constante en los procesos exitosos de modernización de Cumbia, Porro y Vallenato ha sido la inclusión de un instrumento, el acordeón del que García Marquez decía: "El acordeón ha sido siempre, como la gaita nuestra, un instrumento proletario. Los argentinos quisieron darle categoría de salón, y él, trasnochador empedernido, se cambió el nombre y dejó a los hijos bastardos. El frac no le quedaba bien a su dignidad de vagabundo convencido. Y es así. El acordeón legítimo, verdadero, es este que ha tomado carta de nacionalidad entre nosotros, en el valle del Magdalena. Se ha incorporado a los elementos del folklore nacional al lado de las gaitas, de los “millos”, y de las tamboras costeñas."



Durante toda la trayectoria de Carlos Vives y la Provincia, la nomina de músicos y el equipo de producción han cambiado, pero siempre el acordeonista Egidio Cuadrado ha permanecido. No cabe ninguna duda que este poderoso instrumento ha sido cómplice principal en la internacionalización de las músicas colombianas.

En algunos sectores se menosprecia el trabajo de Carlos Vives y se le tilda de superficial, farandulero o comercialista. Pero es innegable que ha logrado construir una gran obra y abrir nuevos caminos en la cultura musical colombiana y su proyección internacional.