jueves, abril 26, 2012

Tras el Rastro de la Flauta Magica de la Cumbia (1)

Durante las cuatro semanas pasadas realizamos una investigación de campo en Medellín, el objetivo de esta indagación era seguir la tenue pista de un extraño personaje que no ha dejado de intrigarnos desde que tuvimos noticia de el. Este juglar criollo recorrió la mayoría de las poblaciones de la costa norte colombiana, durante más de veinte años, en la primera mitad del siglo pasado, llevando y trayendo melodías de un lado a otro de este vasto territorio. Murió hace treinta y seis años en Medellín, donde vivió la última parte de su vida y por eso consideramos que esta ciudad era un buen punto de partida para nuestra investigación.

El año pasado ya habíamos publicado en este blog algunas entradas sobre este gran músico colombiano, quizás uno de los personajes más extraordinarios y originales en la historia de la Cumbia Colombiana y quizás también uno de los más olvidados e incomprendidos. Este personaje también conocido como "El Compae Mochila" es Crescencio Salcedo, el flautista que imitaba el canto de los pájaros, el infatigable músico caminante que jamás usó zapatos y el hombre desapegado del lucro, cuyas únicas pertenencias fueron la mochila de fique, el sombrero vueltiao y las flautas de caña que el mismo fabricaba. Un solitario e incorruptible defensor del sentimiento, de su origen indígena, en una sociedad hipocrita que se empeñaba en ignorar y ocultar con vergüenza ese mismo origen.


El punto de partida de nuestra indagación fue el libro: "Crescencio Salcedo, Mi Vida" de los investigadores Jorge Villegas y Hernando Grisales, publicado en 1976 por Ediciones Hombre Nuevo de Medellín, que hasta ahora es la más completa biografía de Crescencio Salcedo. Ellos fueron testigos directos de los últimos días de este músico, así que tratamos de buscar algún rastro de los autores para ubicarlos y entrevistarnos con alguno de ellos, pero nuestras pesquisas solo nos llevaron a descubrir, que los dos fallecieron hace ya varios años y hasta aquí llegamos con esa pista.


Este libro es el fruto del resumen transcrito de unas entrevistas registradas en audio que los investigadores realizaron con Crescencio, unos meses antes de su fallecimiento en Medellín, el 3 de Marzo de 1976; y que, si existen, lo que es poco probable, son muy difíciles de localizar. En este libro se describe con algún detalle la infancia y su juventud en Palomino, una pequeña población del sur del departamento de Bolivar, a orillas del río Magdalena. También se registran los datos que ofrece Crescencio sobre el origen de algunas de sus composiciones y breves apuntes sobre su pensamiento. Este registro en audio del testimonio de Crescencio Salcedo se interrumpió abruptamente y quedó truncado porque la grave enfermedad que padecía entró en una fase terminal y un par de meses después el músico murió.


Por esa razón el libro no puede considerarse una biografía completa de Crescencio Salcedo, pues se da poca información de sus recorridos por la costa atlántica colombiana, cuando compuso varias de las piezas que se volvieron famosas en el mundo entero, poco antes de la mitad del siglo pasado. Tampoco se dan detalles de sus últimos 15 0 20, años cuando se radicó en Medellín con viajes esporádicos a Bogotá, ni ninguna prueba de sus viajes al exterior, como el lo afirma en una entrevista realizada por la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia, unos años antes de su muerte.

Por algunos apartes del libro se puede deducir que hacia inicios de los años 30, es la época, cuando en plena juventud, empieza sus recorridos a pie, por toda la Costa Caribe colombiana hacia Santa Marta, Barranquilla y Cartagena, con esporádicos regresos a Palomino. Durante estos viajes participa, acompañado por su flauta, en las innumerables fiestas y carnavales de los alegres pueblos costeños, desempeñando diversos oficios para sobrevivir y aprendiendo los aires y ritmos de esa zona en su estado más puro. Crescencio menciona también, su convivencia por un lapso de unos ocho años, entre los indígenas de la Guajira, donde se inicia en un conocimiento ancestral de plantas y yerbas curativas.


Hacia finales de la primera mitad del siglo pasado, Crescencio Salcedo era ya un personaje pintoresco y conocido en varias ciudades de la costa. El compositor Gustavo Rada le describe perfectamente, más o menos por esa época, en una canción que tituló "Compae Mochila".

Compae Mochila - Gustavo Rada by ebiruojaba

En un aparte del libro, hay una pista que pudimos rastrear, cuando Crescencio menciona un reportaje de 1947, que un corresponsal de la Revista Semana hizo sobre el en Cartagena, cuando estaba recién llegado de la Guajira y se dedicaba a comerciar con quina. El corresponsal de la Revista Semana, al que afortunadamente Crescencio se refiere con nombre propio, era Jose Nieto, un joven periodista y poeta vinculado al grupo de Mar y Cielo de Cartagena, un colectivo de escritores que publicaban en el "Lunes Literario", un suplemento del diario "El Figaro" de Eduardo Lemaitre y del que formaban parte, entre otros, Jorge Artel, Hector Rojas Herazo, Donaldo Bossa Herazo y Gustavo Ibarra Merlano, este último de gran influencia en la obra temprana del Nobel colombiano Gabriel García Marquez.
Esta es una fotografía de Crescencio Salcedo en el Tiempo de Bogotá en 1947 con José Nieto el corresponsal del Tiempo y de la Revista Semana en Cartagena

Vale la pena mencionar, adelantandonos un poco en nuestra historia,  que García Marquez también sintió esa extraña fascinación que despertaba Crescencio en sus espectadores, como lo relata en un párrafo de sus memorias, "Vivir Para Contarla", cuando descubrió al Juglar de la flauta en una calle de Barranquilla, hacia los años 50:

".... Otro (cantante) muy popular era Crescencio Salcedo, un indio descalzo que se plantaba en la esquina de la lunchería Americana para cantar a palo seco las canciones de las cosechas propias y ajenas, con una voz que tenía algo de hojalata, pero con un arte muy suyo que lo impuso entre la muchedumbre diaria de la calle San Blas. Buena parte de mi primera juventud la pasé plantado cerca de él, sin saludarlo siquiera, sin dejarme ver, hasta aprenderme de memoria su vasto repertorio de canciones de todos."

Nos hemos adelantado un par de años al artículo de la Revista Semana, cuyo tema expone una coyuntura fundamental en la vida de Crescencio Salcedo. Encontramos este documento después de una paciente búsqueda y con la ayuda de varios historiadores musicales de Medellín. El artículo se refiere a  varios problemas de disputas de derechos de autor, que empezaron a presentarse en varios puntos del continente, con unas piezas musicales de origen colombiano, que se habían popularizado mundialmente y por consiguiente estaban generando millonarias regalías. Estos pleitos internacionales por la autoría de canciones colombianas, captaron la atención y fueron el tema de varios artículos de periódicos de la costa durante bastante tiempo. Inclusive Garcia Marquez escribió un par de veces sobre el tema, en su columna "La Jirafa" en "El Heraldo" de Barranquilla.

Fotografía de Crescencio Salcedo en la Revista Semana de Agosto de 1947
Lo interesante de este artículo para nuestra investigación, es que el corresponsal proclama que hay una alta probabilidad de que esas canciones, cuya autoría otros reclamaban, eran de Crescencio Salcedo, un "indio goajiro" (en ese entonces se creía que Crescencio era oriundo de la Guajira, inclusive se cita su nombre en dialecto indígena: Machurí Sacharí) que desdentado y bizco, sin zapatos, dictó cátedra sobre la música de la costa atlántica colombiana, asombrando a los espectadores de una audición en el teatro de Radio Miramar, en Cartagena. Los temas específicos de la disputa eran el Porro: "Santa Marta", que había registrado el argentino Eugenio Nobile y cuya autoría era reclamada tambíen, por el colombiano Francisco Bolaños y "El Caimán", cuya autoría se disputaban los colombianos José María Peñaranda y Efraim Orozco. La prensa argentina también se ocupaba del espinoso asunto y ya nombraba a Crescencio como el tercero en la discordia. En el artículo de Semana, se planteaba también que los compositores se disputaban una enorme suma, para la época, pues los citados temas eran en ese momento los más populares en el continente y habían producido más de 15 mil dólares en derechos de autor, sin contar las regalías y que si Crescencio Salcedo se decidiera a entablar pleito, tendría muchas probabilidades de ganarlo y convertirse en un hombre muy acaudalado. Además, porque Crescencio era el compositor de otro tema que empezaba a resonar por todo el mundo: "Mi Cafetal", que ya había producido una jugosa suma para las casas editoras, mientras el autor se mantenía en la pobreza, sobreviviendo apenas, con los pocos centavos que ganaba con la venta de quina.

Nuestra conclusión personal es que este artículo cambió la vida de Crescencio Salcedo, pues se publicó en una prestigiosa revista de circulación nacional, por lo que el músico dejó pasó del anonimato en el que hasta entonces vivía muy a gusto, a converirse en un autor de primera linea de la música colombiana, que tanto estaba agradando y vendiéndose en el ámbito mundial.

En un segunda entrega que publicaremos proximamente concluiremos con el resultado de esta investigación